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miércoles, 6 de septiembre de 2017

El pogo filosófico

La multitud y Dussel 

Resulta increíble, y avergonzante, haber tomado contacto con el filósofo Enrique Dussel recién en noviembre de 2016. Pero a la hora de las justificaciones resulta útil ese pecado para pensar con qué eficacia los medios de comunicación masivos (en el sentido en que se entendían en la década del 70/80) obturan determinadas realidades, ideas e interpretaciones del mundo, a tal punto que, para conocerlas, hay que hacer un recorrido quirúrgico por los oscuros rincones donde esa otra información fluye. En ese sentido, la abundancia de información es un arma de doble filo. La metáfora del idiota del bar de Umberto Eco la retrata con certeza. Quizá la del laberinto borgiano nos sea también útil para pensar en la Internet, esa maraña donde todo vale, la nueva ley de la selva.
Es así que por casualidad, mirando esa antigüedad llamada televisión, en el canal Telesur, encontré una entrevista que el periodista Walter Martínez le hacía a Enrique Dussel. Dussel se había provisto de una mapamundi para ilustrar de qué forma la idea hegeliana de la historia era una construcción ideológica destinada a instalar el eurocéntrismo en las academias, de tal modo que la historia que el profesor Astolfi nos enseñó en la escuela resulta ser una construcción a los fines de justificar una ideología. Dussel construye otra historia, donde los chinos inventaron todo y nuestras creencias provienen de los Egipcios. Lo estoy diciendo con desmesura. Mejor es leerlo y escucharlo a él. Todas sus conferencias están en Youtube y sus libros gratis en su web. Así de moderno es.
Dussel es un gran conferencista, con una enorme consciencia de la puesta en escena y una erudición y locuacidad admirables, a tal punto que a sus 82 años puede hablar dos horas y media de corrido, sin olvidarse un nombre. Sabe donde poner el énfasis, que frase destacar poniendo una voz ronca y vivaz, sabe que frases decir para arrancar el aplauso del auditorium, y sabe que todo eso es necesario para llegar a los cuerpos biopolíticos. Crítica por igual a Trump y los marxistas leninistas que, con su sesgada interpretación del filósofo, tergiversaron las ideas de Marx e hicieron fracasar la revolución, que la revolución cubana no pudo avanzar por su dependencia económica y, por lo tanto, ideológica soviética (el que pone la plata pone la ideología), se anima a asegurar que China no es comunista sino neoconfucianista, que el Cristianismo se traicionó a si mismo creando la Cristiandad a partir del imperio bizantino, mutando de revolucionario a conservador,  que Freud es machista y a afirmar que El Capital de Marx está lleno de metáforas teológicas y que, para la liberación, si Dios no existiera habría que crearlo.
Pero esto no es lo más importante, aunque sin esto sus ideas no tendrían el impacto para haberlo convertido en el filósofo más leído de la actualidad, sino el de ser el último de los filósofos en crear una filosofía, que es capaz de discutir de igual a igual en las grandes ligas. Pero sabe que debe hacerse un lugar a los codazos en el Parnaso, por el solo hecho de ser sudaca. Es una filosofía absolutamente nueva, contemporánea, que se está haciendo ahora y se está difundiendo en todo el mundo.Todos los filósofos que leímos en la facultad nos sonaron a letra muerta. Gozábamos de sus ideas, si, pero sabíamos, con Feyerabend, que ese paradigma ya era antiguo. Los estudiábamos, era lectura obligatoria, inclusive los admirábamos, pero éramos conscientes que estábamos mirando una película muda. En cambio la filosofía de Dussel está viva.

A principios de agosto tuvimos la oportunidad de ir a verlo a la facultad de Filosofía y Letras de Rosario. Ir a verlo está bien dicho. Cómo ir a ver a Deep Purple, nuestros héroes de la adolescencia. El rock es alimento para el cuerpo, Dussel para el intelecto. Se lo goza siguiendo sus razonamientos de la misma forma que se gozan los punteos del RichieBlackmore. Y esto que digo no rebaja su propuesta filosófica, política, ética, metodológica. Pero es el signo de los tiempos. Se goza con el cuerpo. Y si existiera el pogo filosófico, el recital de Dussel sería su escenario.